“Llevo dentro un dragón insaciable”

Así funciona el apetito en la sociedad del bufé libre. Expertos en nutrición explican los motivos por los que no podemos parar de comer aunque no tengamos hambre.


A María (nombre ficticio), su dietista-nutricionista le recomendó unas galletas integrales para desayunar (dos por la mañana o, si tenía mucha hambre, seis a lo largo del día). Antes de salir al trabajo, ella ya se estaba tragando la sexta ("y pensando en el día siguiente para volver a comerlas"). Embutidos, dulces, quesos de sabor fuerte… "Nunca me apetecían espinacas", recuerda.
"Todo empezó cuando tenía 28 años [ahora suma 65], tras la pérdida de un familiar: se despertó un dragón dentro de mí que siempre tenía hambre", recuerda. Llegaron el sobrepeso, la hipertensión y las advertencias de los médicos tras los análisis de sangre (la glucosa se disparaba). Y más de 15 kilos después, María acudió a Comedores Compulsivos Anónimos, una asociación que ayuda a personas que no pueden dejar de comer mediante la aplicación de un método igual al de Alcohólicos Anónimos. Ahí aprendió herramientas de relajación y gestión de emociones para dominar a la fiera, "que ahora mismo está dormida".

Comemos sin hambre
Una revisión de estudios de 2016, publicada en Critical Reviews in Food Science and Nutrition, alerta: la ingesta calórica que realizamos no depende exclusivamente del hambre. De hecho, según insisten los investigadores que la firman, de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), en el mundo Occidental, rico en recursos, esta es solo una pequeña parte de la ecuación que nos empuja a comer, "pero ni mucho menos la más importante". Es decir: comemos sin hambre (fisiológica).

Entonces, ¿es posible engancharse a la comida?
El bioquímico José Miguel Mulet, autor de ¿Qué es comer sano? (Destino), no lo duda: "Claro que sí. Y es un trastorno psicológico muy conocido. Con una particularidad: a diferencia del juego o el alcohol, con la comida siempre estás expuesto a lo que te provoca la adicción". Ramiro Ferrando, licenciado en Nutrición y Máster en Nutrigenómica, lo resumía así en la web Naukas (de ciencia, escepticismo y humor): "¿Puedes decirle que no a una barra de chocolate una noche de invierno? ¿Eres capaz de comerte solo una patata Pringle? […] Cuanto más palatable es la oferta, mayor es nuestra disposición de dejar de lado la sensación de saciedad".

Seamos sinceros: con la coliflor no nos pasa
Mulet achaca a la genética el hecho de que siempre tengamos hueco para el postre: “Desde que somos Homo sapiens hemos pasado muchísimo más tiempo cazando y recogiendo alimentos por la sabana en África que en una sociedad occidental, civilizada y con la nevera llena. Esto implica que, genéticamente, nuestro cuerpo sigue pensando que está en la sabana cazando”. Y ese modo de vida, añade el bioquímico, "suponía que un día cazabas mucho, pero luego podías pasar dos o tres días en ayunas. Entonces, estamos programados para comer todo lo posible cuando haya, y almacenarlo en forma de grasas. La cuestión es que ya no cazamos y el suministro de alimentos no es problema en una parte del mundo. ¿Cuál es el resultado? La epidemia de obesidad que tenemos".

FUENTE: BUENA VIDA

El Centro Integral de Nutrición de las Islas Baleares (CINIB) es el único centro de Mallorca dedicado a la atención integral de los pacientes con sobrepeso y obesidad. Está integrado por un equipo de especialistas en materia de cirugía de la obesidad, endocrinología, nutrición y dietética, psicología clínica y preparadores físicos personales.

CINIB también ofrece asistencia a pacientes con alergias e intolerancias alimentarias, trastornos alimentarios y asesoramiento dietético y nutricional para pacientes con cáncer y a patologías metabólicas como la diabetes.

Infórmese en el  

971 213 262 | 636 253 692