¿Elegimos libremente nuestra dieta?

La publicidad, la falta de tiempo, la comodidad, el precio… los alimentos frescos son caros, la comida basura es barata y está por todas partes.

Carlos Laorden - La globalización, al mejorar la conexión de lugares y personas, fomenta que las preferencias de los consumidores en todo el mundo se dirijan hacia estilos de vida “occidentales”. Y eso incluye las dietas que, al igual que la ropa o la música, cada vez son más uniformes en todo el mundo.

No solo se trata de que las grandes multinacionales alimentarias o las cadenas de comida rápida estén presentes casi en cualquier parte. Según el Panel de Expertos de Alto Nivel del Comité de Seguridad Alimentaria mundial, el cambio hacia dietas relacionadas con mayores tasas de sobrepeso y obesidad puede explicarse también por la “revolución del supermercado” que ha transformado la distribución y la forma en la que la gente compra comida en todo el mundo.

En este proceso, la llegada a países en desarrollo de productos extranjeros que aparecen en películas o series y se relacionan con Occidente, trae consigo una aureola de prestigio o de comida “de ricos” que influye en las elecciones de compra. En muchos lugares, por ejemplo, las frutas se desprecian por considerarse comida “de pobres” mientras se aprecian los refrescos azucarados al relacionarlos con la modernidad y el progreso.

ONG británica Food Foundation
“Parece que nuestras elecciones son libres, pero es una ilusión”, sostiene Anna Taylor, de la ONG británica Food Foundation. Esa libertad, coinciden los expertos, viene delimitada por la disponibilidad de los productos más o menos saludables y por su precio. Pero también por el conocimiento y la información de los ciudadanos. En Chile han abordado esta cuestión con una ley de etiquetado denostada por la industria alimentaria.

La regulación chilena limita también la publicidad ante el público infantil. “El marketing y la publicidad recurren a la neurociencia para cambiar los hábitos alimentarios de las personas”, denuncia el senador Guido Girardi. “Hoy la gente no consume productos, sino marcas, porque son lo que les da una identidad, expresa sus aspiraciones… Particularmente los niños y adolescentes buscan determinadas marcas, porque es lo que les permite socializar”. En Chile, Kellog’s tuvo que borrar al tigre Tony de los paquetes de cereales Frosties (Zucaritas) por superar el límite de azúcares y calorías.

“Tu hijo come snacks y te pide aquellos que le parecen más atractivos y que ha estado viendo en los anuncios. Después, en casa, ven la televisión o vídeos en Internet y se exponen a más publicidad de esos productos. Así los niños no pueden aprender a querer dietas saludables”, sostiene Hawkes. Las campañas atractivas que promuevan comer, por ejemplo, manzanas, brillan por su ausencia. Y si las hay, no traen regalos, ni juegos, ni personajes atractivos. “El ambiente alimentario e informativo en el que crecen los niños determina lo que les acaba gustando”, abunda la catedrática. La obesidad infantil en el mundo se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años.

Diez veces más niños obesos que hace 40 años
Si nada cambia inmediatamente, en 2022 habrá —por primera vez en la historia— más niños y adolescentes (de entre cinco y 19 años) con sobrepeso y obesidad que desnutridos, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud y el Imperial College de Londres. El informe señaló que en 2016 había 124 millones de personas obesas en esta franja de edad, 10 veces más que en 1975. Además, 41 millones de niños menores de cinco años sufren sobrepeso: la mitad vive en Asia y un cuarto, en África.

Sufrir sobrepeso u obesidad en la infancia aumenta la probabilidad de hacerlo en edad adulta, además de incrementar el riesgo de padecer enfermedades como la diabetes y accidentes cardiovasculares. Los menores que sobrepasan los límites de peso considerados saludables también sufren con más frecuencia depresiones, ansiedad o baja autoestima, con los efectos negativos que ello conlleva para su desarrollo personal.

“El marketing de alimentos para el público infantil está muy extendido y funciona: se ha probado que influye negativamente en sus elecciones y patrones de consumo y los mensajes sobre alimentación saludable”, según Knut Inge-Klepp, del Instituto de Salud Pública de Noruega (25% de obesidad entre adultos). En el país escandinavo llevan años con un comité de empresas que autorregula sus mensajes publicitarios para los menores de 13 años. “Grandes empresas como Coca-Cola o McDonald’s se han adherido y sufrido sanciones conforme al código voluntario: parece que funciona”, explicaba Inge-Klepp en un simposio internacional sobre nutrición el año pasado.

“La industria debe tener una mirada diferente dado el nuevo estilo de vida de la gente: y estamos viendo cómo nos comunicamos para promover estilos de vida saludables y no lo contrario”, asegura Mario Montero, presidente de Alaiab (agrupación de la industria alimentaria y de bebidas latinoamericana). “La empresa jamás se va a autorregular”, discrepa Girardi. “Si hubiera una ética mínima no venderían el Kinder Sorpresa y los etiquetados serían comprensibles… Pero no existe esa ética mínima. La empresa no solo no quiere autorregularse sino que tiene todo un ejército de lobistas para impedir cualquier regulación”, censura el político chileno.

“La industria ya está haciendo lo que hay que hacer en el marco de ese grupo alimentario”, replica. “En el mercado ya ves los productos tradicionales junto a otros en los que vienen reducidos los tipos de ingredientes que son de preocupación para la salud. Si vas a la línea de bebidas, que es una de los que más se apuntan, tienes todas las opciones: desde los productos clásicos hasta los de cero calorías”, señala Montero.

“Si tenemos una población que por falta de educación no sabe conformar adecuadamente su ingesta nutricional durante el día, es un problema. Por eso hay que informar”, dice el representante empresarial. “Si no tenemos tiempo para desayunar, no merendamos, los tiempos entre la última comida del día anterior y la primera del día siguiente son demasiado largos, no hay disciplinas de alimentación en tiempos, horarios, hay gente a la que no le alcanza para comer… todo eso contribuye al problema”, argumenta.

El mediático médico australiano Sandro DeMaio, que trabajó para la OMS, insiste en que no se puede cargar la responsabilidad sobre quienes sufren sobrepeso y obesidad: “En una clase con 30 alumnos, si un alumno suspende, podrías decir que es su culpa. Si suspenden 20, la culpa es del profesor", ilustra. Con tres de cada 10 habitantes del planeta con sobrepeso, DeMaio se pregunta: ¿cómo seguimos señalando al individuo? Así perdemos de vista un sistema que no funciona”.

FUENTE: PLANETA FUTURO

El Centro Integral de Nutrición de las Islas Baleares (CINIB) es el único centro de Mallorca íntegramente dedicado a la atención de los pacientes con sobrepeso y obesidad. Está integrado por un equipo de especialistas en materia de cirugía de la obesidad, endocrinología, psicología, nutrición y dietética.
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