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El dilema ambiental

Jordí SabatéConsumo Claro
Según numerosos expertos, de crecer la demanda mundial de carne al ritmo actual nos enfrentaremos ante una nueva alerta ecológica...

Según numerosos expertos, de crecer la demanda mundial de carne al ritmo actual nos enfrentaremos ante una nueva alerta ecológica, ya que se requerirán más zonas silvestres para transformarlas en pastos, más recursos hídricos y se emitirá una mayor proporción de gases de efecto invernadero.

Ecología versus veganismo
El ambientalista argentino Claudio Bertonatti publicó el pasado agosto un artículo titulado " La confusión vegana" en el que aseguraba que un mundo estrictamente vegetariano supondría una catástrofe ecológica. Ciertamente sin aportar más datos que los de la especulación y la provocación, Bertonantti exponía la tesis de que este escenario implicaría un incremento de la superficie cultivada, afectando a la biodiversidad de muchos entornos silvestres y llevando a no pocas especi es al riesgo de extinción por aniquilación de su ecosistema.

Bertonatti no es el único que opina así: Steven L. Davis, ecólogo de la Universidad Estatal de Oregón, publicó en 2002 un artículo titulado " The least harm principle suggests that humans should eat beef, lamb, dairy, not a vegan diet". En el mismo sugiere que la alimentación vegetariana no reduce el número de animales que mueren en los campos de cultivo, sino que los podría incrementar. Davis fue contestado después detalladamente por Jason Gaverick Matheny, un doctorado en Economía Agrícola en la Universidad de Maryland, que publicó "Least Harm: A Defense of vegetarianism from Steven Davis's Omnivorous Proposal".

En su artículo, Gaverick hizo un detallado parte del número de muertes finales que suponía cada práctica, incluyendo los animales de consumo: ganado y aves de granja. Por descontado, ganaba por goleada la ganadería en cuanto a manos llenas de sangre, pero ello siempre y cuando no se tuviera en cuenta la disminución de diversidad. Parece fuera de dudas que donde hay un cultivo humano, difícilmente pueden vivir otras especies que no sean el objeto de la explotación.


Veganos contra onmívoros: ¿quién contamina más?
Hay bastantes más estudios en uno y otro sentido que explican los problemas de cada una de estas economías aplicadas en el modo intensivo, y se extienden en una competición por ver quién contamina más. Unos ponen a favor del omnivorismo y la ganadería el hecho de que el uso de pesticidas produce un gran daño a la biodiversidad vegetal y contamina acuíferos. Los otros hacen hincapié en los antibióticos que se dan indiscriminadamente a los animales y que se filtran al medio ambiente, creando mutantes microbiológicos altamente infecciosos y conocidos como superbacterias.

Una alternativa sería el uso y desarrollo de cultivos transgénicos que fueran más resistentes y competitivos y que requirieran menor uso de estos productos, pero actualmente encuentran una enorme oposición en amplios sectores sociales. Otro aspecto a tener en cuenta serían los requerimientos nutricionales de los cultivos, en forma de abonos químicos, que quizá aumentasen con el incremento de la demanda. Los fertilizantes químicos son un arma de doble filo, puesto que si bien aumentan la productividad de las cosechas, también salinizan a largo plazo el suelo.

Es posible racionalizar y moderar su uso apostando por la gestión de abonos naturales y el reciclaje de restos orgánicos, pero exige disciplina y sería difícil asegurar que dicha gestión se practicaría en todas las regiones del planeta que se dedicasen a alimentar a la población. Además, en la actualidad el mayor aporte de fertilizantes naturales lo proporciona la ganadería -tanto ovina, como bovina, porcina o aviar-, a través de los excrementos y los descartes de comida. En el escenario que contemplamos desaparecería como práctica.


Adiós carne, hola vegetales: ¿solución o disparate ante la advertencia de la OMS?
Las conclusiones de la OMS al respecto del consumo de carnes tratadas y carnes rojas, supusieron un enorme impacto mediático a nivel mundial, tanto por lo que refiere a cuestiones de salud como en lo tocante a lo que puedan suponer las mismas para el consumo y la economía. Por muchos matices que se hicieran a posteriori, las primeras declaraciones de los responsables del organismo dejaron una sombra de duda que probablemente cambiará los hábitos alimentarios de muchas personas a nivel global.

Las recomendaciones de la OMS han tenido una carga de fondo: han abierto el debate sobre si la demanda actual de carne a nivel global es o no sostenible. Desde los inicios de este siglo esta se ha disparado, gracias al crecimiento económico de los países emergentes, sobre todo los del sureste asiático y en especial el gigante chino. ¿Somos demasiados a pedir bistec?

Ante tal disyuntiva, se proponen diversos modelos que pretenden frenar la demanda o, al menos, hacerla sostenible. Uno de ellos es la conversión -radical o paulatina- de la población al veganismo estricto o, al menos, a un vegetarianismo que consumiera en baja intensidad derivados animales como miel y en menor medida productos lácteos. ¿Sería posible un nuevo orden mundial vegano?

Desde el punto de vista energético, sin duda aminoraría mucho en primera instancia la explotación de los recursos naturales y optimizaría el uso del suelo para consumo humano. Pero no todos los expertos tienen tan claro que las cuentas salieran desde el enfoque ecológico; siempre contemplando un escenario radical y por supuesto dejando a un lado los aspectos morales y dudosamente éticos del tratamiento y el sacrificio industrial de animales. Imaginemos a toda la humanidad consumiendo solo verduras y cereales; ¿de verdad creemos en el mito de las redes de pequeños huertos? O tal vez, ¿se parecerían más a las grandes explotaciones de monocultivos actuales?.