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Agorafobia

La agorafobia es un tipo de trastorno de ansiedad que está recogido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), en el que hay miedo a aquellas situaciones que podrían causarte pánico y hacerte sentir atrapado, indefenso o avergonzado. Se siente temor anticipadamente a acciones o lugares concretos como usar el transporte público, estar en espacios abiertos o cerrados, hacer una fila o estar en una multitud.

Varios estudios epidemiológicos han estimado la prevalencia vital del trastorno de pánico con o sin agorafobia entre el 1 y el 3,5%.

El trastorno de pánico con agorafobia, además de presentar una prevalencia relativamente elevada, con mucha frecuencia ocurre acompañado de otros trastornos de ansiedad (20%), amén de poseer un impacto muy nocivo sobre el funcionamiento y bienestar del individuo. Los trastornos de pánico son un tipo de trastorno en el que se desencadena una situación de miedo, que alcanza su punto máximo en unos minutos (ataques de pánico) y se acompaña de síntomas físicos intensos, con sensación de padecer un ataque al corazón o una sensación de muerte inminente, lo que provoca la perdida del autocontrol por completo. El miedo puede llegar unos niveles de ansiedad que provoca la necesidad de ser acompañado por una persona de confianza o provocar que no se pueda salir de casa.

La Asociación Americana de Psiquiatría distingue varios grados de agorafobia y los clasifica en:

1.- Trastornos de pánico con agorafobia.
2.- Agorafobia sin historia de trastorno de pánico.
3.- Trastorno de pánico sin agorafobia.
4.- Ataque de pánico por anticipación

Ataque de pánico en una situación agorafóbica:

En esta situación el ataque es previsible y está provocado por un estímulo externo. El paciente ha tenido ataques en la misma situación y cree que hay muchas posibilidades de sufrirlo nuevamente, lo cual hace que aumente su temor y, al final, termina teniendo el ataque.

Ataque de pánico previsible en una situación segura:

El paciente predice que va a tener un ataque porque está muy activo emocionalmente, ya sea por alegría, estrés, tristeza, enfado o preocupación, por lo que evita tener niveles altos de emoción.

Ataque de pánico imprevisible en una situación segura:

El pánico se desencadena cuando la persona se encuentra en un sitio calificado, según su criterio, como seguro. En este caso el estímulo es interno. Su cuerpo interpreta ciertas funciones fisiológicas o cambios corporales vitales que realiza la persona los malinterprete de forma catastrófica y genera una gran cantidad de ansiedad que, finalmente termina con un episodio de pánico.

Ataque de pánico por anticipación:

El paciente asegura que sufrirá un ataque al exponerse al estímulo disparador de ansiedad, lo cual hace que sufra un ataque antes de haber sido expuesto al estímulo.

Desde el punto de vista clínico, los signos y síntomas de un ataque de pánico pueden comprender:

• Frecuencia cardíaca acelerada
• Problemas para respirar o sensación de ahogo
• Dolor o presión en el pecho
• Aturdimiento o mareos
• Sensación de inestabilidad, entumecimiento u hormigueo
• Sudoración excesiva
• Enrojecimiento o escalofríos repentinos
• Malestar estomacal o diarrea
• Sensación de pérdida de control
• Miedo a morir

La mayoría de las personas que sufren agorafobia la padecen después de haber tenido algún episodio de pánico, y es el miedo repetirlo lo que provoca una situación de ansiedad incontrolada, que induce a una conducta de evitación.

Causas de la agorafobia

Al hablar de las causas de la agorafobia es importante tener en cuenta que ciertas características personales pueden predisponer a este trastorno o bien ser consecuencia del mismo: dependencia, baja asertividad, baja autoconfianza, retraimiento social, elevada ansiedad, miedo a la evaluación negativa, alta búsqueda de aprobación, estrategias ineficaces para afrontar el estrés, tendencia a evitar los problemas en vez de afrontarlos...

También pueden estar implicadas experiencias vividas durante la infancia como la sobreprotección o la falta de cariño. Asimismo, muchas personas con agorafobia afirman que estaban atravesando una época de estrés en el inicio de la misma. Este estrés puede ser relativo a lo laboral, a un divorcio, a la muerte de un ser querido, a un conflicto de pareja o familiar, a una enfermedad u operación, a una mudanza, a un nacimiento o a un aborto, entre otros.

Los síntomas típicos de la agorafobia comprenden el miedo a:

• Salir de casa solo
• Multitudes o esperar en una fila
• Espacios cerrados, como cines, ascensores o tiendas pequeñas
• Espacios abiertos, como estacionamientos, puentes o trenes
• Usar el transporte público, como autobuses, aviones o trenes
• El miedo o la ansiedad casi siempre derivan de una exposición previa a una situación similar
• La conducta desencadenada es desproporcionada con respecto al peligro real de la situación
• Es posible que existan otras fobias o se desencadenen situaciones sociales o laborales o en otras áreas de la vida motivada por la respueta que desencadena la situación de pánico.
• En general, la fobia tiene una evolución de 6 o más meses

Las personas con agorafobia no se sienten seguras en lugares públicos, y su fobia puede acentuarse especialmente si hay mucha gente compartiendo el mismo espacio.

El diagnóstico de la agorafobia comienza con la evaluación médica y psicológica por parte del especialista, quien podrá necesitar hablar con las personas cercanas al entorno para conocer cómo se comporta habitualmente. Existen cuestionarios como el de Sandin que pueden facilitar el dianóstico. La forma de tratar cada problema, es diferente aunque también presenta una serie de similitudes. Cuando la agorafobia se acompaña de miedo o temor, hay que disminuir el tiempo destinado a pensar en la preocupación y a procesar la información relacionada con la amenaza.

El tratamiento de la agorafobia puede resultar desafiante porque, por lo general, implica la confrontación de los miedos. El tratamiento que hasta ahora ha ofrecido mejores resultados en los agorafóbicos es la terapia de exposición, un tipo de terapia del comportamiento. Aproximadamente el 90 por ciento de las personas que se someten a ella mejoran. Esta terapia suele combinarse con antidepresivos. Con la ayuda de un especialista, la persona busca, confronta y permanece en contacto con lo que causa sus temores hasta que su ansiedad va aliviándose poco a poco debido a la familiaridad que adquiere con la situación. Si la agorafobia no se trata, generalmente fluctúa en intensidad. En algunas ocasiones puede desaparecer sin un tratamiento formal, posiblemente porque la persona ha llevado a cabo algún tipo de terapia. Al igual que en el trastorno por pánico, la ansiedad en algunas personas que padecen agorafobia puede tener sus raíces en conflictos psicológicos subyacentes. En estos casos, la psicoterapia puede ser útil.

 

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