CINIB - Centro integral de nutrición Illes Balears

Los alimentos, fuente de emociones

Entrenador personal

Existen muchas razones que nos pueden llevar a ingerir más alimento de los que necesita, aún conociendo  sobradamente que el comer alimentos calóricos no “adecuados” es un comportamiento inadecuado y que acabará, antes o después, en un sobrepeso o una obesidad que conducirá a la aparición de enfermedad y perjudica nuestra salud y la estética personal.

Todos conocemos a personas, que habiendo realizado una dieta han reganado peso o incluso en pleno régimen, experimentan ansiedad o depresión que le hacen imposible mantener esa dieta recomendada y retornan a sus hábitos previos de alimentación poniendo fin a la dieta, con lo que vuelven a aumentar de peso.
Muchos alimentos, además de su valor calórico, tienen para cada persona asociaciones simbólicas y están ligados a emociones de recuerdos agradables o desagradables, en diferentes etapas de nuestra vida. Existen asociaciones más o menos generalizadas y compartidas por una gran parte de la población, como asociar las tartas, el chocolate o los postres a momentos de fiesta y celebración de cumpleaños, la experiencia del premio con comidas extraordinarias para celebrar un éxito escolar o laboral, la celebración de las notas brillantes en torno a una mesa o los helados a vacaciones de verano. A estas asociaciones generalizadas existen otras individuales que dificultan que una persona obesa quiera disminuir su peso. Como la consecuencia de una grave pérdida por fallecimiento de una persona importante, que induce a que la persona reproduzca las actitudes, costumbres y formas de estar y ser de la persona ausente, para tener la sensación de cercanía y presencia. La necesidad de cercanía a esta persona es muy superior a su deseo de pérdida de peso.
El simbolismo especial e individualizado para las distintas personas que tienen algunos alimentos concretos, más allá de que prácticamente todo lo que comemos evoca una sensación más allá de la puramente nutritiva, dificulta la generalización de los planes nutricionales que deben plantearse de manera individual para cada persona, dado el significado que tiene cada comida para cada uno de nosotros.
Los profesionales en nutrición conocen que la privación de comer lo que apetece con intensidad, o “obligar” a comer algo “por última vez” , suele ser con frecuencia preludio de atracones, por tanto, prescindir de los alimentos de gran valor afectivo-emocional, puede socavar los esfuerzos por cumplir un plan nutricional de adelgazamiento, ya que están satisfaciendo una necesidad psicológica más que nutricional. Es en este contexto que el profesional de psicología nos dará las pautas para definir la viabilidad del régimen y éstas deben ser prioridades a las de conseguir una pérdida de peso más o menos rápida para conseguir una adhesión a más largo plazo, que en definitiva nos permitirá en cambio de hábitos alimenticios y de estilo de vida
Reiterando, muchos alimentos están asociados en nuestra mente a recuerdos agradables o desagradables, a situaciones, personas, emociones… y muchas de estas asociaciones son necesarias para la estabilidad psicológica. Es imprescindible identificar si existen estas asociaciones en la persona obesa que se encuentra en tratamiento, para que no constituya un obstáculo del mismo.

 

 

 

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