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Mentes sanas: el resultado de una adecuada alimentación?

obesidad y acto de comer

Las personas con niveles altos o bajos de magnesio en sangre pueden tener un mayor riesgo de desarrollar demencia, así lo publica la conocida revista Neurology.

La demencia supone un problema de salud pública de magnitud creciente: actualmente más de 35 millones de pacientes presentan demencia tipo Alzheimer, y se espera que se superen los 135 millones en 2050. Tal como publicó la revista Nutrición Hospitalaria en 2017, si se consigue retrasar el desarrollo de demencia 5 años, se reduciría su prevalencia en un 50%.

Por tanto, como en otros trastornos crónicos, es importante considerar cualquier medida preventiva que pueda tener un impacto en la progresión de la enfermedad.

En la última década, ha aumentado la investigación y la evidencia del impacto de una adecuada alimentación en la prevención de la demencia. Se ha visto que la dieta mediterránea juega un papel muy importante en la prevención de enfermedades neurodegenerativas ya que aporta antioxidantes y evita alimentos con poder proinflamatorio como las grasas saturadas (embutidos, bollería, frituras, …).

También se ha analizado la relación entre las concentraciones plasmáticas de micronutrientes y su efecto sobre la prevención y el manejo de esta enfermedad.

Las personas con niveles altos o bajos de magnesio en sangre pueden tener un mayor riesgo de desarrollar demencia, así lo publica la conocida revista Neurology. Se estudió una muestra de 9565 personas con una edad media de 65 años durante ocho años, tras los cuáles, 825 fueron diagnosticadas de demencia. La mayoría de las personas afectadas formaban parte de los grupos estudiados con niveles alterados de magnesio en sangre, frente a los no afectados que mantenían niveles normales en las pruebas analíticas.

Deficiencias de vitamina D también podrían favorecer el desarrollo de demencia. Muchos investigadores clínicos han comenzado a sugerir que una alta ingesta de vitamina D como suplemento podría jugar un rol fundamental en la supresión de un gran número de patologías.

Sin ningún lugar a dudas son descubrimientos de gran interés, pero se necesitan mayor número de estudios para poder considerar los déficits nutricionales como factores de riesgo directos de demencia.

Si las personas pudieran reducir su riesgo ajustando su dieta o mediante suplementación sería un gran avance. Un adecuado consejo dietético y una adecuada suplementación que permita mantener todos los nutrientes cubiertos, parece ser un aspecto clave a tener en cuenta de cara a la prevención de demencia.

El peso actual así como las fluctuaciones de peso también deben controlarse para prevenir problemas y evitar el declive cognitivo.

Como conclusiones se sugiere que las personas deberíamos ser más conscientes de nuestro estado de salud durante toda la vida asegurando un peso corporal adecuado y unos correctos hábitos alimentarios para prevenir las enfermedades neurodegenerativas.

 

 

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