CINIB - Centro integral de nutrición Illes Balears

Dormir poco induce al sobrepeso

Insomnio y sobrepeso

Junto al patrón de ingesta calórica y actividad física, diversos estudios han identificado otros factores involucrados,  algunos estudios propugnan que un patrón de sueño anómalo (cantidad, calidad, horario) podría contribuir a alteraciones metabólicas tempranas y a una ganancia de peso.

Uno de los principales cambios de comportamiento que se han observado en sociedades industrializadas ha sido la disminución de las horas destinadas al sueño nocturno. La disponibilidad de la luz eléctrica, aparatos tecnológicos (la televisión y el computador diariamente y por períodos prolongados, con el consiguiente retraso y reducción del período de sueño), mayor demanda laboral y espacios lúdicos disponibles hasta altas horas de la noche, se han asociado con este fenómeno.

Estudios epidemiológicos en distintas poblaciones han mostrado que una menor cantidad de sueño se asocia inversamente con el aumento de peso y del índice de masa corporal.
Estudios prospectivos en niños han confirmado dichos resultados. Se revisaron las horas de sueño de 1138 niños y encontrando que quienes durmieron menos de lo recomendado (< 11 h), tuvieron mayor riesgo para ser obesos en la niñez temprana y más aún, una menor cantidad de sueño a los 10 años de edad aumentó el riesgo de desarrollar obesidad en la edad adulta. Aunque se desconocen los mecanismos biológicos precisos que median esta relación, estos podrían conducir a estimulación de la apetencia, mayor ingesta energética y ganancia de peso temprana.

a) Regulación neuroendocrina y apetito-saciedad. Se ha propuesto que la relación entre sueño y obesidad podría relacionarse con un alteraciones en el patrón neuroendocrin regulador del apetito. Un estudio epidemiológico de una muestra de 1.024 adultos reportó que una cantidad de sueño reducida (< 8 horas/noche) se asoció con menor leptinemia y mayor grelinemia. Ante la reducción del sueño se ha observado una disminución de la concentración en plasma de leptina y un incremento de grelina y, estas alteraciones se asociaron con una disbalance energético debido a mayor sensación de hambre diurno

b) Metabolismo de la glucosa. Diferentes autores han demostrado que la disminución de las horas de sueño reducen la sensibilidad insulínica y la tolerancia a la glucosa, induciendo cambios similares a los de un estado prediabético afectando negativamente la regulación del metabolismo glucídico. 

c) Regulación del sistema nervioso autónomo (SNA). Los cambios en la cantidad o calidad del sueño podrían manifestarse en modificaciones de la regulación del SNA. En este sentido, la restricción del sueño aumenta significativamente la presión arterial, la actividad del sistema simpático y a una elevación de la actividad adrenocortical, cambios que se asocian con una disminución de la sensibilidad a la insulina y de la eficacia de la glucosa. Finalmente, la mantención de un balance energético positivo consecuencia de la restricción de sueño, podría ser consecuencia de un mayor nivel de somnolencia, fatiga (contribuyendo a mayor sedentarismo) e ingesta calórica diurnas (a partir de alimentos energéticamente densos).
Fuente
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