CINIB - Centro integral de nutrición Illes Balears

Insuficiencia venosa crónica

La obesidad favorece la insuficiencia venosa crónica

La insuficiencia venosa crónica, es la incapacidad de las venas para realizar el adecuado retorno de la sangre al corazón, lo que provoca la acumulación de esta en las piernas, dando lugar a diferentes síntomas y problemas. El peso corporal excesivo incrementa la presión en las venas de las piernas y agrava su estado, lo que deriva en un mayor riesgo de aparición de insuficiencia venosa crónica y complicaciones asociadas.

Las venas y arterias juegan un papel fundamental en el correcto funcionamiento de nuestro sistema circulatorio, puesto que son las encargadas de transportar la sangre desde el corazón a las piernas, existen fundamentalmente dos sistemas que permiten que la sangre venza la fuerza de la gravedad y regrese al corazón.
— las válvulas que existen en las paredes de las venas. Sólo tienen un movimiento unidireccional ascendente hacia el corazón, lo que permite el flujo.
— Las venas de las extremidades inferiores se encuentran situadas entre los músculos, por eso, con cada paso que damos, se produce una contracción muscular que exprime las venas y permite el flujo ascendente de la sangre.
Cuando las venas de las piernas pierden elasticidad, se dilatan y provocan que la sangre, atraída por la fuerza de la gravedad, se acumula en las piernas, provocando alteraciones en la anatomía del sistema venoso en distintas localizaciones:
— En los capilares: Arañas vasculares o telangiectasias. Se traducen en pequeñas líneas rojizas o violetas con aspecto de telaraña.
— En las venas de pequeño tamaño: Varices reticulares. Son dilataciones que aparecen en la dermis reticular.
— En las venas superficiales: Varices o venas varicosas. Son dilataciones y alargamientos de las venas superficiales. Aparecen especialmente en las partes posteriores de las pantorrillas o en la cara interna de la pierna.
Las señales indicativas de padecer esta insuficiencia venosa y los síntomas que suelen aparecer, son:
– Dolor, hormigueo, pesadez y cansancio habitual en las piernas. Estas molestias pueden distinguirse de otras porque se agudizan al estar en reposo y con el calor, y por el contrario disminuyen al levantar las piernas y con el frío.
– La hinchazón de la parte inferior de las piernas y los tobillos, especialmente después de períodos prolongados de pie.
– Calambres nocturnos o lo que se conoce como ‘síndrome de las piernas inquietas’, lo que puede dificultar la conciliación del sueño y el descanso.
– Otros signos de alerta son sensación de calor, sequedad y picor constante en la piel. Esto se debe a que el exceso de sangre retenida provoca un aumento de la temperatura, por lo que la piel se deshidrata y origina estos efectos.
– Signos dérmicos. Alteraciones cutáneas: dermatitis, eccemas, hiperpigmentaciones, etc.
– La aparición de las úlceras venosas supone el estadio más avanzado de la enfermedad. Se definen como la pérdida localizada o irregular de epidermis y dermis. Tienen forma redondeada u oval, y son superficiales con los bordes mal delimitados. Generalmente se cronifican o se convierten en recurrentes. Tienden a sobreinfectarse y pueden ser invalidantes, afectando en gran medida a la calidad de vida de los pacientes. Es frecuente que dejen secuelas en la piel.
– Por último, a medida que la enfermedad progresa, se puede producir hinchazón en los tobillos y piernas (edema), coágulos en las varices (varicoflebitis), o hemorragia por rotura de las varices (varicorragia).
La insuficiencia venosa no desaparece con el tiempo, por lo que cuanto antes se diagnostique y se trate, mayores son las posibilidades de prevenir las complicaciones asociadas y el progreso de la enfermedad.
La obesidad aumenta el riesgo de padecer varices de miembros inferiores (aumenta siete veces el riesgo). El peso corporal excesivo incrementa la presión en las venas de las piernas y agrava su estado, lo que deriva en un mayor riesgo de aparición de Insuficiencia Venosa Crónica y complicaciones asociadas.La prevención y su tratamiento implica un abordaje multidisciplinar, donde intervienen todos los profesionales sanitarios. Desde el médico de cabecera y
 el especialista en patologías cardiovasculares, hasta el nutricionista para asesorar en el aprendizaje de hábitos dietéticos saludables, para informar, ofrecer consejo y dispensar las soluciones más adecuadas.

 

 

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