CINIB - Centro integral de nutrición Illes Balears

Si no duermes, ganas peso!

sueño y ganancia de peso

A través de diferentes estudios realizados se he confirmado una relación entre sueño y la obesidad. En sujetos expuestos a una restricción o una extensión del sueño nocturno ( 4 y 12 horas por 6 noches respectivamente) han sido observadas alteraciones de los patrones neuroendocrinos reguladores del apetito y del balance energético. 

La restricción de sueño podría estar asociada con una modificación de neuropéptidos hipotalámicos reguladores del apetito/saciedad, teniendo influencia en la ganancia de peso.

Se observó de la leptina disminuyó significativamente en pacientes en los que se limitó el sueño, que se acompaño de un un incremento de grelina (18%). Estas modificaciones endocrinas se asociaron con una mayor sensación de hambre y apetito diurnos.
A consecuencia de estos cambios neuroendocrinos, los hombres expuestos a una restricción del sueño presentan una mayor ingesta alimentaria.

Otros estudios epidemiológicos con muestras poblacionales importantes han informado resultados similares. Una cantidad de sueño reducida (< 8 horas/noche) se asocia con menor leptinemia (15,5%) y mayor grelinemia (14,9%), se asocian con una mayor sensación de hambre y apetito diurnos. 
En viceversa, también se ha observado en modelos animales con ratas obesas, que durante el desarrollo inducido de la obesidad se muestra  que la regulación del sueño esta afectada, lo que sugieren que los mecanismos regulatorios del sueño-vigilia y el peso corporal podrían relacionarse.

La intolerancia a la glucosa.
Otras investigaciones experimentales estudiando el efecto de la insulina en restricción de sueño, van en el mismo sentido, objetivándose un aumento de la concentración plasmática de insulina relacionada con la disminución de la sensibilidad insulínica, que podrían modificar la homeostasis de la glucosa.

En este sentido, la privación selectiva de una de las etapas del sueño durante tres noches y sin alterar la cantidad total del mismo, reduce notablemente la sensibilidad insulínica y la tolerancia a la glucosa, induciendo cambios similares a los de un estado prediabético. En un contexto de largo plazo, dichos cambios podrían contribuir a un mayor riesgo para diabetes mellitus tipo 2.
Pendientes de estudios que confirmen esos hallazgos y lo hagan en un período más prolongado de tiempo, parece demostrado que el riesgo ajustado para la incidencia de diabetes mellitus tipo 2 y alteración temprana de la tolerancia a la glucosa fue mayor en adultos con una disminuida cantidad de sueño.

 

 

 

 

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