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¿Porqué no me funcionan las dietas?

Selena Borrachero  |  Nutricionista-Dietista
En la actualidad existen infinidad de dietas que prometen una gran pérdida de peso en un período corto de tiempo y sin esfuerzo.

Por lo general, se trata de dietas restrictivas y desequilibradas prescritas por personas sin formación sanitaria que suelen difundirse a través de medios de comunicación o redes sociales y cuyo objetivo es la búsqueda de beneficio económico. En la mayoría de los casos, la realización de este tipo de dietas se asocia a la compra de productos que no producen los efectos declarados y que sin el adecuado control de un profesional, pueden suponer un riesgo para la salud.
Otra característica de éstas es la temporalidad (tienen fecha de inicio y fecha final). Son cambios puntuales en la alimentación que se abandonan pasado un tiempo provocando el conocido “efecto yo-yo”. Al llevar a cabo una dieta en la que se reducen de forma drástica las calorías, el cuerpo realiza cambios para adaptarse a la nueva situación (almacenando energía y reduciendo el gasto energético) y, puesto que estos cambios se mantienen una vez finalizada la restricción, la vuelta a la alimentación habitual conduce a un nuevo aumento de peso.

TRES ETAPAS
No obstante, la recuperación del peso no es el único efecto adverso que pueden sufrir las personas que realizan estas dietas, ya que se han evidenciado múltiples repercusiones a nivel orgánico, afectando así, a la morbimortalidad de los individuos.
Al no contar con la supervisión de profesionales como nutricionistas y endocrinos, llevar a cabo estas estrategias alimentarias puede provocar deficiencias nutricionales. Estas carencias, pueden desencadenar numerosas alteraciones que van desde la caída del cabello, la aparición de mareos, fragilidad en las uñas y problemas gastrointestinales (diarrea, estreñimiento,…)  hasta problemas de mayor gravedad como osteoporosis, patología cardiovascular, afectación neuronal, etc.
Además, la bajada rápida de peso se asocia a pérdidas musculares que aumentan la sensación de debilidad, favoreciendo la inestabilidad y aumentando el riesgo de caídas.
Por otro lado, las dietas con un exceso de proteínas, tan popularizadas en centros deportivos,   pueden dar lugar a sobrecarga tanto hepática como renal al tratar de eliminar del organismo los residuos tóxicos que ocasionan.
Desde el punto de vista psicológico, se ha comprobado la relación existente entre las emociones y el peso corporal. Los múltiples intentos fallidos en la bajada de peso provocan un aumento del sentimiento de frustración, que conlleva mayor ansiedad, tristeza y fluctuaciones del estado de ánimo. Además, pueden favorecer el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria cuya incidencia se ve incrementada en nuestros días.

EVITAR CONSECUENCIAS
A modo de conclusión, es importante ser consciente a la hora de someterse a este tipo de prácticas, no sólo de las repercusiones en nuestro peso sino también del impacto que pueden ocasionar en el retraso del inicio de un tratamiento con base científica que evite cronificar hábitos arriesgados que acarreen consecuencias negativas sobre nuestra salud.